Lámina botánica Eucalipto I

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Eucalipto I

Descripción lámina


Lámina decorativa realizada por Cristina Maser. Una reproducción de una ilustración original hecha en acuarela e impresa en papel verjurado de 220 gramos. Un papel con textura perfecta para la mancha de la acuarela. Hazte con esta lámina para dar un toque especial y natural a tu espacio. Puedes colgarla en la pared del salón, en vuestro dormitorio, en la cocina, en la habitación de vuestros niños, en el pasillo o puedes regalársela a tu madre o a tu padre, o a tu mejor amigo, o a tus abuelos…




IVA incluido


* Marco no incluido

* Gastos de envío no incluidos

* Entrega 4 días hábiles aprox.



Nuestra atención se dirige también a vuestro hogar. Y porque siempre puede surgir un relato tras las cosas que contemplamos, hemos escrito algunos inspiradas en las láminas.

Los árboles eran muy altos y el aroma de sus hojas impregnaba mi memoria. Decidí tumbarme en el suelo junto al eucalipto que tenía más cerca para poder contemplar ese cielo tejido por las frondosas ramas. La ligera andadura de las nubes hacía que me sintiera yo misma en movimiento. Y lo estaba en cierta forma porque iba escapándome del mundo real para adentrarme en el mundo de los sueños. Cuando estás durmiéndote notas muchas veces cómo los dos mundos comienzan a fusionarse. Me sentía la mar de a gusto, hay pocas cosas que igualen ese bienestar infantil de sentirse privilegiado por la vida, inmune a cualquier aparatoso incidente. Los árboles me resguardaba y el cielo me calentaba, la temperatura era la ideal. Entonces comenzaron a desprenderse hojas del árbol bajo el que dormitaba, si bien enseguida advertí que eran pequeñas ramas lo que veía descender. Y pensé en alguien extremadamente alto que las estaba cortando para mí. Me pregunté por qué lo haría, pese a que probablemente el gigante solo pensara en procurarme un sueño aún más placentero. Las ramitas iban depositándose alrededor mío hasta que de repente sentí la superficie del terreno, sobre el que me había tumbado, blanda y acogedora. Sin que yo me percatara, todas las hojas estaban justo debajo de mi sirviéndome de colchón. El olor a eucalipto se hizo más penetrante, tanto que oí mi propia voz exclamando “para ya de cortar ramas”. Se lo dije a aquel hombre tan grande como el árbol a quien por fin pude ver.

Continua en la Lámina Eucalipto II

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