Astilbe

Astilbe

Descripción

Lámina decorativa realizada por Cristina Maser. Una reproducción de una ilustración original hecha en acuarela e impresa en papel verjurado de 300 gramos. Un papel con textura perfecta para la mancha de la acuarela. Hazte con esta lámina para dar un toque especial y natural a tu espacio. Puedes colgarla en la pared del salón, en vuestro dormitorio, en la cocina, en la habitación de vuestros niños, en el pasillo o puedes regalársela a tu madre o a tu padre, o a tu mejor amigo, o a tus abuelos… Din A4: 29,5 x 21cm (tamaño folio). Precio: 17€. Din A3: 42 x 29,5cm (tamaño dos folios). Precio: 20€




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Nuestra atención se dirige también a vuestro hogar. El estilo refinado y evocador de las invitaciones se advierte enseguida en las láminas decorativas que presentamos. Las plantas parecen invocar a la tranquilidad, a la calma y, sabedora de ello, Cristina Maser se deja envolver por esa magia que nos involucra directamente con la naturaleza para realizar estas espléndidas acuarelas. Y porque siempre puede surgir un relato tras las cosas que contemplamos, hemos escrito algunos inspiradas en las láminas.

Astilbe estaba orgullosa de su esbelta apariencia. Y orgullosa también de su linaje que le otorgaba esa elegancia innata que todo el mundo sabía apreciar. Se consideraba a sí misma única de tantos halagos que recibía. Vivía sola en su atalaya, lugar dominante que consideraba perfecto. Siempre veía lo mismo y nada necesitaba. Pero un día se produjo un cambio inesperado, que comenzó con una ligera brisa hasta convertirse en un viento firme que arreciaba cada vez con más fuerza. Sacudida por esa energía desconocida, Astilbe cayó al suelo. Allí se encontró inmersa toda ella en otra dimensión. Tan confusa como asustada quedó inmóvil junto a un objeto también desconocido para ella, que le sirvió de protección. Su vida perfecta se había desmoronado completamente. Pasaron los días, ella continuó sumida en una especie de letargo, no se atrevía a moverse, aunque conservaba una leve esperanza, la de conservar su lozanía sin tan siquiera esforzarse. Una mañana empezó a llover. Ella, que se crecía con el agua, sintió que se hundía para siempre. Entonces ya no quiso saber más y se abandonó a su fatalidad, el tiempo se pararía y con él, todo su ser arrogante. De pronto, notó un intenso calor, por fin algo que reconocía, algo de inmenso valor para ella, había surgido en ese otro mundo donde había caído. Al cabo de un rato, pudo contemplarse a sí misma, estaba tan mustia y ojerosa que le costó reconocerse. Pero sus colores se conservaban intactos, como antes de venirse abajo. El sol llevaba mucho rato aportándole el vigor que necesitaba. Aquel lugar, donde esa fuerza imperiosa del destino le había arrojado, no podía ser tan malo. El calor, que tanto la reconfortaba, era igual que el de su anhelado mundo perfecto. Únicamente tendría que adaptarse, ser consciente de ello, y resistir realizando esfuerzos. Solo así llegaría a alzarse de nuevo, consciente de que tenía una vida por delante en ese nuevo mundo.

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